jueves, 27 de noviembre de 2014

Eje 4. Actividad 1. Lectura y escritura exploratoria


El periodismo en México


La prensa no solamente es un medio de comunicación fundamental para las sociedades; sino un motor de cambios tan importantes y trascendentes como la misma Independencia de México.
A lo largo de su historia hay un marcado antes y un después con la gran cantidad tiempo que tomó a la prensa escrita llegar a ser un medio masivo, debido a la falta  de un sector mayor de la población mundial que supiera leer pero aún así no se descarta a la prensa escrita como medio de estudio y fuente de información para quien quiera estudiar cualquier contexto histórico relativo al ser humano.
Se puede describir a la prensa no sólo como lupa observadora sino descriptora de los hechos ocurridos en la historia,  agregando al análisis la relevancia real  de los acontecimientos que con el tiempo pudiera cambiar. La prensa escrita y los diarios con sus letras plasmadas en viejas páginas, son la forma mas real y creíble que tiene cualquier  interesado en descifrar la historia acertadamente.
Sin duda, un buen motivo para estudiar la historia del periodismo no es sólo conocer las herramientas que nos ayudarán más adelante tanto en nuestra formación como para poder descifrar el momento histórico preciso de un acontecimiento; también nos ayudará a entender que a través de la historia se han suscitado métodos distintos tanto para escribir como para publicar los diferentes diarios, hojas de aviso, etc.
Conocer dichos momentos nos puede ayudar a emitir un juicio correcto con respecto al momento en que cierta noticia se publicó, con que motivos y bajo que reglas o momento histórico se hacía, lo que dará mayor fundamento a nuestro propio trabajo.

Un poco de historia en el mundo


En el texto “Historia del Periodismo Universal” de Alfonso Braojos Garrido (específicamente del capítulo) se explica de manera clara y con variados ejemplos la evolución del periodismo desde la invención de la imprenta en Italia hacia el siglo XV hasta la importancia que  los diferentes diarios y gacetas jugaron durante los procesos políticos y sociales tanto de Europa como América.
Dentro del marco renacentista, la población en general deseosa de conocimiento y con un afán casi desmedido por registrar  de forma escrita la mayoría de los acontecimientos  sucedidos  para así darlos a conocer, crea los llamados “avissi” u hojas de aviso, que no trataban mas que de pequeños folletos, sin un título o periodicidad regular en la que se redactaban mas que nada noticias relacionadas al comercio u hechos curiosos de interés general.
Con el interés mostrado en estas hojas de aviso poco a poco comienzan a realizarse publicaciones mas regulares y de mejor calidad conocidas como gacetas, mismas que algunos comenzaron no sólo a coleccionar ocasionalmente, sino a recopilar de forma regular y vender en ferias o pequeñas bibliotecas; este fue quizá el paso mas importante para pasar del protoperiodismo al periodismo moderno.

Sin embargo, con el nacimiento de los periódicos o mercurios como una fuente regular  de información también se desarrollaron, en casi todas las monarquías absolutistas de Europa, formas de controlar a este llamado “nuevo peligro” que podía no solo cuestionar sino dar a conocer de forma mas eficiente ideas contrarias a las que se consideraban oficiales. El modelo mas eficaz de control o censura  fue el impuesto en Francia, donde se limitó el derecho de impresión a una sola familia y los escritos de dicho  diario estaban alineados al poder monárquico, creando opiniones que sin duda fascinaban al resto de Europa, con excepción de Inglaterra.
Por otra parte también se pueden destacar las grandes luchas que se han librado en distintos países y contextos por la libertad de expresión y el deseo de controlar la información que de los medios procede ya que esta resulta de vital  importancia tanto para los gobernantes como para sus  opositores.
Gracias a la prensa escrita de esos primeros años se lograron grandes cambios en el mundo; conduciendo a través de solo palabras plasmadas, ideas o manifiestos que concluyeron en revoluciones e independencias que sin duda perfilaron el mundo que conocemos hoy.

México censurado


La consolidación de la república mexicana fue un proceso lento y turbulento que pasó por diferentes etapas tanto en lo político como en la integración de esta reciente nación.
En “Opinión pública y censura en Nueva España. Indicios de un silencio imposible” de Torres Puga se denota con claridad el principio de lo que fue una incipiente pero atrevida forma prensa que daba espacio la crítica cifrada entre líneas, como a la opinión y juicio del hasta entonces ignorado “público” todo esto bajo el cobijo del mundo literario.
Torres, narra y explica de forma amplia los inicios de las primeras publicaciones que no sólo se limitaban a contar lo sucedido a la nobleza o acontecimientos de comercio, sino que, profundizaban en temas de ciencia o letras e inclusive dotaban a sus lectores de espacio dentro de las mismas.
Aunque estos primeros avances no tuvieron un aire libertario ni mucho menos independentista, sí contaban con un formato e incluso contenido parecido, sino es que igual, al de otras publicaciones europeas que resultaban mucho más criticas.
“El Diario Literario de México” fue el primer experimento de este tipo realizado en México y aunque su suspensión no fue, ni ha sido, clara hasta el momento; resulta de importancia histórica analizar los contextos o posibles causas de su cierre ya que aportan datos significativos sobre la posible censura existente en ese momento.
Sumado a los primeros intentos de prensa “crítica” en el México novohispano  no pueden ignorarse las reformas que la Corona hizo sobre el poder que hasta ese momento, mantenía la Inquisición tanto en cuestión de la prohibición de ciertos textos, como los asuntos que le correspondía juzgar o no.
Es así como nos percatamos del complejo sistema de censura que se ejercía tanto en Nueva España como en todo el reino de Castilla (España), en el que si bien la Corona quería mostrarse renovada y con ánimos de ilustrar a  sus pobladores, también  urgía de controlar las ideas que hasta ellos llegaran.
En el caso especifico de Nueva España, puede destacarse como a pesar de las claras oposiciones que mostró el inquisidor principal de México, las reformas impuestas por la Corona se mantendrían dando así terreno para que muchos textos antes prohibidos vieran la luz nuevamente.
Esto suscitó no sólo un renovado interés en la lectura de dichos textos, a veces a pesar de su prohibición; asimismo se formaron complejos círculos de intercambio e incluso contrabando de estos libros, que llegaban de forma imparable a Nueva España, los cuales también formaban parte de las más selectas bibliotecas de personajes distinguidos.
Cabe mencionar que a pesar de lo que pueda pensarse con respecto al poder de la Inquisición en el terreno novohispano este no decayó, por el contrario, a pesar de las limitaciones impuestas por las reformas continuaban con un estricto control sobre lo que se podía o no leer, principalmente sobre la forma en que tan peligrosos objetos habían llegado o sido adquiridos en suelo americano.
Si bien las primeras ideas de libertad o rebeldía llegaron de esta forma a la Nueva España es importante destacar que los primeros censores y ayudantes del Santo Oficio en la labor de la prohibición eran, en muchas ocasiones, los mismos lectores quienes aterrados ante las ideas impuras de los textos entregaban los libros y delataban no sólo a quién se los había facilitado sino a otros que tuvieran textos similares.
Ésta es la parte quizá mas compleja e incluso contradictoria del sistema de censura impuesto en Nueva España, ya que a diferencia de los libertarios europeos, los novohispanos aún encontraban escollo en enfrentarse a ideas que los liberaban tanto del yugo eclesiástico, como del poder asfixiante de la Corona.
Pueden destacarse otros tipos de pensamientos más complejos, como el descontento que producía en algunos, el que les fueran prohibidos esos textos a hombres como ellos que podían discernir el bien del mal, que la censura en si de dichos tomos, la cual no era mal vista por los mismos.
Es en este escenario y bajo la urgencia de la Corona de mantener una imagen concisa e incluso victoriosa ante la guerra que tenía contra Inglaterra, es que  nace la “Gazeta de México”, que si bien era vista como un instrumento de control y como un mecanismo de distracción inocente, fue un fenómeno, que sin duda generó curiosidad e interés en el medio novohispano.
Es así como incluso bajo este restrictivo control y vigilancia constante de lo que se publicaba o leía, nacen los primeros espacios abiertos, tanto a la crítica como al debate “público”, aunque éstos se encontraban nuevamente auspiciados bajo el interés científico o el mundo de las letras y alejaban de sus debates asuntos tanto de política como de iglesia.
De esta forma fue como la “Gaceta de Literatura”, basada en otros modelos europeos, proveyó a la sociedad novohispana de un espacio para el ejercicio y práctica del debate o la crítica, aunque muchas veces las discusiones entre la elite de intelectuales de la Nueva España podía traducirse a  otros descontentos ligados a la política, también fue el medio para que muchos escritores no sólo polemizaran a parte de la sociedad, sino que ganaran su admiración o repudio.
Fue así que la idea del público como único juez censor se consolidó en tierras novohispanas, dejando un sin fin de posibilidades por explorar, tanto en la prensa, como en el mundo de la letras prohibidas; mismas que se explotarían a fondo en los años independentistas.
La libertad de imprenta se remonta desde las reformas borbónicas, donde la Corona buscaba mediante la ilustración del pueblo llegar a la construcción de una sociedad participe de sus asuntos con relativa posibilidad de expresar sus opiniones, siempre y cuando estas no se alejaran de la política oficial  y aun menos la criticara e  incluso sancionaba y censuraba cuatros casos específicos de textos.
En cuanto a Nueva España este nuevo permiso de libertad de impresión no fue bien recibido por aquellos que mantenían el poder y ni siquiera fue dado a conocer públicamente ya que el virrey lo encontraba extremadamente peligroso debido a las primeras manifestaciones de movimientos contrarios al poderío peninsular.
El tiempo concedería la razón al virrey cuando el movimiento de Independencia estallo a tan sólo años de otorgado dicho permiso e incluso se utilizó los diarios publicados por los insurgentes como uno de los motivos por los cuales dicho decreto no había sido dado a conocer en tierras novohispanas con anterioridad.
Esto llevo a que la suspensión de la libertad de imprenta fuera totalmente suspendida en Nueva España ya que corrompía la opinión publica y aunque después esta suspensión perdió efecto por un breve periodo de sesenta y seis días, en el que la sospecha de que dicha tregua no era mas que una trampa para atrapar a los detractores de la corona, fue de nuevo impuesta con rigor ante los avances insurgentes.
Si bien el primer mecanismo de censura fue el del perseguimiento y encarcelamiento de aquellos que escribiesen a favor de la insurgencia; este no distaba en nada al del antiguo régimen virreinal y dejaba poco espacio para la prensa crítica o la opinión. No faltaron medios para que noticias e ideas nuevas llegaran a la población, como fue la de los voceadores.
Pronto este medio también fue mitigado bajo excusas que ocultaban los verdaderos motivos de su censura y que intentaban controlar la cada vez más innegable realidad del triunfo del movimiento insurgente, que culminaría en el año de 1821 de mano del general Agustín de Iturbide.
Al triunfar el movimiento independiente se proclamo de inmediato la libertad de imprenta, aunque fue nuevamente una liberación expresa que encontró como  principal impedimento al propio Iturbide, quien apegado al modelo anterior encontraba prohibitivo escribir sobre puntos esenciales de su gobierno monárquico o los puntos del plan de Iguala.
La represión de Iturbide hacia la prensa que lo contrariaba llegó a ser tal que uno de los mecanismos de censura durante su monarquía, además de las multas y encarcelamientos, fue la creación  de elementos que dentro del marco legal le permitiera perseguir a sus opositores, juzgar el contenido a publicarse antes de hacerlo e incluso utilización  de violencia para contener a voceadores.
Iturbide comprendió bien el poder de la prensa y aunque con el rigor de la ley perseguía a los que lo contrariaban no dudaba en hacer uso de la misma para legitimar su proyecto de nación e incluso su propia figura como emperador de México.
Siendo blanco de la mayoría de los escritos de crítica o burla, la figura de Iturbide se va debilitando a la par de los mecanismo que utilizo para censurar durante su monarquía, tanto a los escritores, como Fernández de Lizardi,  que hicieron suyo el terreno de las letras de opinión mordaz, como a la imprenta o la prensa misma.
Una vez destituido Iturbide y reinstaurado el Congreso, la discusión sobre las libertades que debería tener la imprenta vuelven a ser tema importante para la agenda nacional y aunque la libertad de imprenta seguía garantizada, el poder que esta había demostrado con anterioridad para conducir ideas contrarias al gobierno en turno, no dejaba de ser una preocupación que debía ser atendida con prontitud.
Es así como se conservan no sólo la prohibición de todo texto que contuviera ideas en contra del gobierno sino aquellos que de alguna forma,  atacaran las bases aún poco sólidas sobre las que se erguía la nación, como lo eran la religión única o la hermandad de todos los habitantes de México.
Es en este contexto que se instaura nuevamente un juzgado para evaluar las obras que pudieran contener dichas ideas, que aunque ineficaz, dado que para el momento en que los textos eran denunciados estos ya habían  circulado por gran parte de la población,  no dejó de castigar, incluso con el destierro a algunos autores.
En este escenario donde las logias masónicas peleaban por el poder y proyecto de nación que cada una defendía que se acusa directamente  al presidente así como a los jueces responsables de censurar o castigar obras de privilegiar a ciertos escritores u obras que favorecían a los proyectos del gobierno en turno.
Así es como los mecanismos de censura, a pesar de la posible libertad de impresión o expresión que se goce en ese momento, han estado siempre ligados al ejercicio o ideario político del grupo en el poder; aunque dichos mecanismos pueden variar, desde la prohibición total de todo texto hasta la parcial tolerancia de ideas diversas, no puede perderse de vista que la censura esta únicamente ligada a las esferas de poder y ambiciones de los mismos.
Es destacable el papel que tuvieron tanto los diarios como distintos tipos de publicaciones en la consolidación del país y en la divulgación de ideas que podrían resultar subversivas en las diferentes etapas de este tiempo.
Desde Hidalgo con el “Despertador Americano” hasta el asentamiento de la prensa como el cuarto poder en nuestro país, mismo que se consiguió gracias a la libertad de imprenta y expresión que garantizaron las Leyes de Reforma.
Si bien a lo largo de este periodo no se puede hablar aún de prensa regular y tal como la conocemos,  es posible rescatar el valor que tuvieron las letras impresas o las nuevas formas de expresión impresa como la litografía o la caricatura satírica, que  se utilizaron armas políticas.
En otros aspectos resulta peculiar el hecho de que la mayoría de intelectuales durante la época de la consolidación tuvieran su principal afluente del periodismo y que a pesar de la posible censura se hicieran grandes trabajos de crítica o análisis en diferentes ramas de la vida nacional.
Es solo hasta lo últimos años de la guerra de reforma que el nacionalismo surgido en los nuevos ciudadanos mexicanos hace florecer todos los aspectos del arte y el intelecto, incluidas las letras y por supuesto el periodismo.

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