El periodismo en México
La prensa no solamente es un
medio de comunicación fundamental para las sociedades; sino un motor de cambios
tan importantes y trascendentes como la misma Independencia de México.
A lo largo de su historia
hay un marcado antes y un después con la gran cantidad tiempo que tomó a la
prensa escrita llegar a ser un medio masivo, debido a la falta de un sector mayor de la población mundial
que supiera leer pero aún así no se descarta a la prensa escrita como medio de
estudio y fuente de información para quien quiera estudiar cualquier contexto
histórico relativo al ser humano.
Se puede describir a la
prensa no sólo como lupa observadora sino descriptora de los hechos ocurridos
en la historia, agregando al análisis la
relevancia real de los acontecimientos
que con el tiempo pudiera cambiar. La prensa escrita y los diarios con sus
letras plasmadas en viejas páginas, son la forma mas real y creíble que tiene
cualquier interesado en descifrar la
historia acertadamente.
Sin duda, un buen motivo
para estudiar la historia del periodismo no es sólo conocer las herramientas
que nos ayudarán más adelante tanto en nuestra formación como para poder
descifrar el momento histórico preciso de un acontecimiento; también nos
ayudará a entender que a través de la historia se han suscitado métodos distintos
tanto para escribir como para publicar los diferentes diarios, hojas de aviso,
etc.
Conocer dichos momentos nos
puede ayudar a emitir un juicio correcto con respecto al momento en que cierta
noticia se publicó, con que motivos y bajo que reglas o momento histórico se
hacía, lo que dará mayor fundamento a nuestro propio trabajo.
Un poco de historia en el
mundo
En el texto “Historia del
Periodismo Universal” de Alfonso Braojos Garrido (específicamente del capítulo)
se explica de manera clara y con variados ejemplos la evolución del periodismo
desde la invención de la imprenta en Italia hacia el siglo XV hasta la
importancia que los diferentes diarios y
gacetas jugaron durante los procesos políticos y sociales tanto de Europa como
América.
Dentro del marco
renacentista, la población en general deseosa de conocimiento y con un afán
casi desmedido por registrar de forma
escrita la mayoría de los acontecimientos
sucedidos para así darlos a
conocer, crea los llamados “avissi” u
hojas de aviso, que no trataban mas que de pequeños folletos, sin un título o
periodicidad regular en la que se redactaban mas que nada noticias relacionadas
al comercio u hechos curiosos de interés general.
Con el interés mostrado en
estas hojas de aviso poco a poco comienzan a realizarse publicaciones mas
regulares y de mejor calidad conocidas como gacetas, mismas que algunos
comenzaron no sólo a coleccionar ocasionalmente, sino a recopilar de forma
regular y vender en ferias o pequeñas bibliotecas; este fue quizá el paso mas
importante para pasar del protoperiodismo al periodismo moderno.
Sin embargo, con el nacimiento de los periódicos o mercurios como una fuente
regular de información también se desarrollaron,
en casi todas las monarquías absolutistas de Europa, formas de controlar a este
llamado “nuevo peligro” que podía no solo cuestionar sino dar a conocer de
forma mas eficiente ideas contrarias a las que se consideraban oficiales. El
modelo mas eficaz de control o censura
fue el impuesto en Francia, donde se limitó el derecho de impresión a
una sola familia y los escritos de dicho
diario estaban alineados al poder monárquico, creando opiniones que sin
duda fascinaban al resto de Europa, con excepción de Inglaterra.
Por otra parte también se
pueden destacar las grandes luchas que se han librado en distintos países y
contextos por la libertad de expresión y el deseo de controlar la información
que de los medios procede ya que esta resulta de vital importancia tanto para los gobernantes como
para sus opositores.
Gracias a la prensa escrita
de esos primeros años se lograron grandes cambios en el mundo; conduciendo a
través de solo palabras plasmadas, ideas o manifiestos que concluyeron en
revoluciones e independencias que sin duda perfilaron el mundo que conocemos
hoy.
México censurado
La
consolidación de la república mexicana fue un proceso lento y turbulento que
pasó por diferentes etapas tanto en lo político como en la integración de esta reciente
nación.
En “Opinión pública y
censura en Nueva España. Indicios de un silencio imposible” de Torres Puga se
denota con claridad el principio de lo que fue una incipiente pero atrevida
forma prensa que daba espacio la crítica cifrada entre líneas, como a la
opinión y juicio del hasta entonces ignorado “público” todo esto bajo el cobijo
del mundo literario.
Torres, narra y explica de
forma amplia los inicios de las primeras publicaciones que no sólo se limitaban
a contar lo sucedido a la nobleza o acontecimientos de comercio, sino que,
profundizaban en temas de ciencia o letras e inclusive dotaban a sus lectores
de espacio dentro de las mismas.
Aunque estos primeros
avances no tuvieron un aire libertario ni mucho menos independentista, sí
contaban con un formato e incluso contenido parecido, sino es que igual, al de
otras publicaciones europeas que resultaban mucho más criticas.
“El
Diario Literario de México” fue el primer experimento de este tipo
realizado en México y aunque su suspensión no fue, ni ha sido, clara hasta el
momento; resulta de importancia histórica analizar los contextos o posibles
causas de su cierre ya que aportan datos significativos sobre la posible
censura existente en ese momento.
Sumado a los primeros
intentos de prensa “crítica” en el México novohispano no pueden ignorarse las reformas que la
Corona hizo sobre el poder que hasta ese momento, mantenía la Inquisición tanto
en cuestión de la prohibición de ciertos textos, como los asuntos que le
correspondía juzgar o no.
Es así como nos percatamos
del complejo sistema de censura que se ejercía tanto en Nueva España como en
todo el reino de Castilla (España), en el que si bien la Corona quería
mostrarse renovada y con ánimos de ilustrar a
sus pobladores, también urgía de
controlar las ideas que hasta ellos llegaran.
En el caso especifico de
Nueva España, puede destacarse como a pesar de las claras oposiciones que
mostró el inquisidor principal de México, las reformas impuestas por la Corona
se mantendrían dando así terreno para que muchos textos antes prohibidos vieran
la luz nuevamente.
Esto suscitó no sólo un
renovado interés en la lectura de dichos textos, a veces a pesar de su
prohibición; asimismo se formaron complejos círculos de intercambio e incluso
contrabando de estos libros, que llegaban de forma imparable a Nueva España,
los cuales también formaban parte de las más selectas bibliotecas de personajes
distinguidos.
Cabe mencionar que a pesar
de lo que pueda pensarse con respecto al poder de la Inquisición en el terreno
novohispano este no decayó, por el contrario, a pesar de las limitaciones
impuestas por las reformas continuaban con un estricto control sobre lo que se
podía o no leer, principalmente sobre la forma en que tan peligrosos objetos
habían llegado o sido adquiridos en suelo americano.
Si bien las primeras ideas
de libertad o rebeldía llegaron de esta forma a la Nueva España es importante
destacar que los primeros censores y ayudantes del Santo Oficio en la labor de
la prohibición eran, en muchas ocasiones, los mismos lectores quienes aterrados
ante las ideas impuras de los textos entregaban los libros y delataban no sólo
a quién se los había facilitado sino a otros que tuvieran textos similares.
Ésta es la parte quizá mas
compleja e incluso contradictoria del sistema de censura impuesto en Nueva
España, ya que a diferencia de los libertarios europeos, los novohispanos aún
encontraban escollo en enfrentarse a ideas que los liberaban tanto del yugo
eclesiástico, como del poder asfixiante de la Corona.
Pueden destacarse otros
tipos de pensamientos más complejos, como el descontento que producía en
algunos, el que les fueran prohibidos esos textos a hombres como ellos que
podían discernir el bien del mal, que la censura en si de dichos tomos, la cual
no era mal vista por los mismos.
Es en este escenario y bajo
la urgencia de la Corona de mantener una imagen concisa e incluso victoriosa
ante la guerra que tenía contra Inglaterra, es que nace la “Gazeta
de México”, que si bien era vista como un instrumento de control y como un
mecanismo de distracción inocente, fue un fenómeno, que sin duda generó
curiosidad e interés en el medio novohispano.
Es así como incluso bajo
este restrictivo control y vigilancia constante de lo que se publicaba o leía,
nacen los primeros espacios abiertos, tanto a la crítica como al debate
“público”, aunque éstos se encontraban nuevamente auspiciados bajo el interés
científico o el mundo de las letras y alejaban de sus debates asuntos tanto de
política como de iglesia.
De esta forma fue como la
“Gaceta de Literatura”, basada en otros modelos europeos, proveyó a la sociedad
novohispana de un espacio para el ejercicio y práctica del debate o la crítica,
aunque muchas veces las discusiones entre la elite de intelectuales de la Nueva
España podía traducirse a otros
descontentos ligados a la política, también fue el medio para que muchos
escritores no sólo polemizaran a parte de la sociedad, sino que ganaran su admiración
o repudio.
Fue así que la idea del
público como único juez censor se consolidó en tierras novohispanas, dejando un
sin fin de posibilidades por explorar, tanto en la prensa, como en el mundo de
la letras prohibidas; mismas que se explotarían a fondo en los años
independentistas.
La libertad de imprenta se
remonta desde las reformas borbónicas, donde la Corona buscaba mediante la
ilustración del pueblo llegar a la construcción de una sociedad participe de
sus asuntos con relativa posibilidad de expresar sus opiniones, siempre y
cuando estas no se alejaran de la política oficial y aun menos la criticara e incluso sancionaba y censuraba cuatros casos
específicos de textos.
En cuanto a Nueva España
este nuevo permiso de libertad de impresión no fue bien recibido por aquellos
que mantenían el poder y ni siquiera fue dado a conocer públicamente ya que el
virrey lo encontraba extremadamente peligroso debido a las primeras
manifestaciones de movimientos contrarios al poderío peninsular.
El tiempo concedería la
razón al virrey cuando el movimiento de Independencia estallo a tan sólo años
de otorgado dicho permiso e incluso se utilizó los diarios publicados por los
insurgentes como uno de los motivos por los cuales dicho decreto no había sido
dado a conocer en tierras novohispanas con anterioridad.
Esto llevo a que la
suspensión de la libertad de imprenta fuera totalmente suspendida en Nueva
España ya que corrompía la opinión publica y aunque después esta suspensión
perdió efecto por un breve periodo de sesenta y seis días, en el que la
sospecha de que dicha tregua no era mas que una trampa para atrapar a los
detractores de la corona, fue de nuevo impuesta con rigor ante los avances
insurgentes.
Si bien el primer mecanismo
de censura fue el del perseguimiento y encarcelamiento de aquellos que
escribiesen a favor de la insurgencia; este no distaba en nada al del antiguo
régimen virreinal y dejaba poco espacio para la prensa crítica o la opinión. No
faltaron medios para que noticias e ideas nuevas llegaran a la población, como
fue la de los voceadores.
Pronto este medio también
fue mitigado bajo excusas que ocultaban los verdaderos motivos de su censura y
que intentaban controlar la cada vez más innegable realidad del triunfo del
movimiento insurgente, que culminaría en el año de 1821 de mano del general
Agustín de Iturbide.
Al triunfar el movimiento
independiente se proclamo de inmediato la libertad de imprenta, aunque fue
nuevamente una liberación expresa que encontró como principal impedimento al propio Iturbide,
quien apegado al modelo anterior encontraba prohibitivo escribir sobre puntos
esenciales de su gobierno monárquico o los puntos del plan de Iguala.
La represión de Iturbide
hacia la prensa que lo contrariaba llegó a ser tal que uno de los mecanismos de
censura durante su monarquía, además de las multas y encarcelamientos, fue la
creación de elementos que dentro del
marco legal le permitiera perseguir a sus opositores, juzgar el contenido a
publicarse antes de hacerlo e incluso utilización de violencia para contener a voceadores.
Iturbide comprendió bien el
poder de la prensa y aunque con el rigor de la ley perseguía a los que lo
contrariaban no dudaba en hacer uso de la misma para legitimar su proyecto de
nación e incluso su propia figura como emperador de México.
Siendo blanco de la mayoría
de los escritos de crítica o burla, la figura de Iturbide se va debilitando a
la par de los mecanismo que utilizo para censurar durante su monarquía, tanto a
los escritores, como Fernández de Lizardi,
que hicieron suyo el terreno de las letras de opinión mordaz, como a la
imprenta o la prensa misma.
Una vez destituido Iturbide
y reinstaurado el Congreso, la discusión sobre las libertades que debería tener
la imprenta vuelven a ser tema importante para la agenda nacional y aunque la
libertad de imprenta seguía garantizada, el poder que esta había demostrado con
anterioridad para conducir ideas contrarias al gobierno en turno, no dejaba de
ser una preocupación que debía ser atendida con prontitud.
Es así como se conservan no
sólo la prohibición de todo texto que contuviera ideas en contra del gobierno
sino aquellos que de alguna forma,
atacaran las bases aún poco sólidas sobre las que se erguía la nación,
como lo eran la religión única o la hermandad de todos los habitantes de
México.
Es en este contexto que se
instaura nuevamente un juzgado para evaluar las obras que pudieran contener
dichas ideas, que aunque ineficaz, dado que para el momento en que los textos
eran denunciados estos ya habían circulado
por gran parte de la población, no dejó
de castigar, incluso con el destierro a algunos autores.
En este escenario donde las
logias masónicas peleaban por el poder y proyecto de nación que cada una
defendía que se acusa directamente al
presidente así como a los jueces responsables de censurar o castigar obras de
privilegiar a ciertos escritores u obras que favorecían a los proyectos del
gobierno en turno.
Así es como los mecanismos
de censura, a pesar de la posible libertad de impresión o expresión que se goce
en ese momento, han estado siempre ligados al ejercicio o ideario político del
grupo en el poder; aunque dichos mecanismos pueden variar, desde la prohibición
total de todo texto hasta la parcial tolerancia de ideas diversas, no puede
perderse de vista que la censura esta únicamente ligada a las esferas de poder
y ambiciones de los mismos.
Es destacable el papel que
tuvieron tanto los diarios como distintos tipos de publicaciones en la
consolidación del país y en la divulgación de ideas que podrían resultar subversivas
en las diferentes etapas de este tiempo.
Desde Hidalgo con el “Despertador Americano” hasta el
asentamiento de la prensa como el cuarto poder en nuestro país, mismo que se
consiguió gracias a la libertad de imprenta y expresión que garantizaron las Leyes
de Reforma.
Si bien a lo largo de este
periodo no se puede hablar aún de prensa regular y tal como la conocemos, es posible rescatar el valor que tuvieron las
letras impresas o las nuevas formas de expresión impresa como la litografía o
la caricatura satírica, que se
utilizaron armas políticas.
En otros aspectos resulta
peculiar el hecho de que la mayoría de intelectuales durante la época de la
consolidación tuvieran su principal afluente del periodismo y que a pesar de la
posible censura se hicieran grandes trabajos de crítica o análisis en
diferentes ramas de la vida nacional.
Es solo hasta lo últimos
años de la guerra de reforma que el nacionalismo surgido en los nuevos
ciudadanos mexicanos hace florecer todos los aspectos del arte y el intelecto,
incluidas las letras y por supuesto el periodismo.